LOS CONTENIDOS DE LA EDUCACIÓN EMOCIONAL


Los contenidos de la educación emocional pueden variar según los destinatarios
(nivel educativo, conocimientos previos, madurez personal, etc.). Podemos
distinguir entre un programa de formación de profesores y un programa dirigido
al alumnado. Pero en general los contenidos hacen referencia a los siguientes
temas.

En primer lugar se trata de dominar el marco conceptual de las emociones,
que incluiría el concepto de emoción, los fenómenos afectivos (emoción,
sentimiento, afecto, estado de ánimo, perturbaciones emocionales, etc.), tipos
de emociones (emociones positivas y negativas, emociones básicas y derivadas,
emociones ambiguas, emociones estéticas, etc.). Conocer las características
(causas, predisposición a la acción, estrategias de regulación, competencias de
afrontamiento, etc.) de las emociones principales: miedo, ira, ansiedad, tristeza,
vergüenza, aversión, alegría, amor, humor, felicidad, etc. La naturaleza de la
inteligencia emocional es un aspecto importante, con múltiples aplicaciones para
la práctica.

La educación emocional sigue una metodología eminentemente práctica
(dinámica de grupos, autorreflexión, razón dialógica, juegos, etc.) con objeto de
favorecer el desarrollo de competencias emocionales como las siguientes.
Conciencia emocional, que consiste en conocer las propias emociones y las
emociones de los demás. Esto se consigue a través de la autoobservación y de la
observación del comportamiento de las personas que nos rodean. Esto supone
la comprensión de la diferencia entre pensamientos, acciones y emociones; la
comprensión de las causas y consecuencias de las emociones; evaluar la intensidad
de las emociones; reconocer y utilizar el lenguaje de las emociones, tanto en
comunicación verbal como no verbal.
La regulación de las emociones probablemente sea el elemento esencial de
la educación emocional. Conviene no confundir la regulación (y otros términos
afines: control, manejo de las emociones) con la represión. La tolerancia a la
frustración, el manejo de la ira, la capacidad para retrasar gratificaciones, las
habilidades de afrontamiento en situaciones de riesgo (inducción al consumo
de drogas, violencia, etc.), el desarrollo de la empatía, etc., son componentes
importantes de la habilidad de autorregulación. Algunas técnicas concretas
son: diálogo interno, control del estrés (relajación, meditación, respiración),
autoafirmaciones positivas; asertividad; reestructuración cognitiva, imaginación
emotiva, atribución causal, etc.

La motivación está íntimamente relacionada con la emoción. Motivación
provienen de la raíz latina movere (mover); igual que emoción (de ex-movere,
mover hacia fuera). La puerta de la motivación hay que buscarla a través de la
emoción. A través de esta vía se puede llegar a la automotivación , que se sitúa
en el extremo opuesto del aburrimiento, y que abre un camino hacia la actividad
productiva por propia voluntad y autonomía personal. Este es uno de los retos de
futuro de la educación.

Las habilidades socio-emocionales constituyen un conjunto de competencias
que facilitan las relaciones interpersonales. Las relaciones sociales están entretejidas
de emociones. La escucha y la capacidad de empatía abren la puerta a actitudes
prosociales, que se sitúan en las antípodas de actitudes racistas, xenófobas o
machistas, que tantos problemas sociales ocasionan. Estas competencias sociales
predisponen a la constitución de un clima social favorable al trabajo en grupo
productivo y satisfactorio.
Las relaciones entre emoción y bienestar subjetivo suelen ser, de acuerdo
con nuestra experiencia, de gran interés para los participantes. Esto lleva a
delimitar el constructo “bienestar subjetivo” y los factores que lo favorecen o que lo
dificultan. La reflexión sobre estos temas conduce a la confluencia entre bienestar y
felicidad, donde el “estar sin hacer nada” no es lo propio, sino más bien implicarse
en algún tipo de actividad.
El concepto de Fluir (flow), entendido como experiencia óptima
(CSIKSZENTMIHALYI, 1997) completa el tema sobre el bienestar. Las condiciones
del flujo ofrecen un marco de sugerencias para la acción, que se pueden aplicar
al cuerpo, el pensamiento, el trabajo, las relaciones sociales, etc. El reto está en
aprender a fluir.
Las aplicaciones de la educación emocional se pueden dejar sentir en
múltiples situaciones: comunicación efectiva y afectiva, resolución de conflictos,
toma de decisiones, prevención inespecífica (consumo de drogas, sida, violencia,
anorexia, intentos de suicidio, etc.), etc. En último término se trata de desarrollar
la autoestima, con expectativas realistas sobre sí mismo, desarrollar la capacidad
de fluir y la capacidad para adoptar una actitud positiva ante la vida. Todo ello de
cara a posibilitar un mayor bienestar subjetivo, que redunda un mayor bienestar
social.

Los temas a desarrollar en un curso de educación emocional pueden tener
diversos niveles de profundización en función de los destinatarios, que pueden ser
estudiantes desde la educación infantil, primaria, secundaria, universitaria, adultos,
profesionales, etc. Cuando nos referimos a la formación de formadores, deben
incluirse algunos temas específicos como los siguientes.
Unas bases teóricas deben estar presentes, en cierta medida, en los
programas de educación emocional, siempre en función de los destinatarios.
Cuando se trata de un programa de formación de formadores debería incluir
una revisión de síntesis de las principales teorías sobre las emociones (DARWIN,
W. JAMES, CANNON, ARNOLD, LAZARUS, etc.).

Es esencial un conocimiento de la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner y de la
inteligencia emocional. Es importante también introducir unos conocimientos
esenciales sobre el cerebro emocional, con especial referencia a los centros de
procesamiento de las emociones y las aportaciones recientes de la neurociencia.
La terapia emocional, en sus diversas formas, ha aportado solidez a la teoría y al
mismo tiempo ha aportado ejercicios y estrategias que pueden ser utilizadas no
sólo en el modelo clínico, sino también en la educación emocional, con carácter
preventivo. Dando un paso más, se deberían adquirir unos conocimientos sobre
las relaciones entre emoción y salud, emoción y motivación, emoción y bienestar,
etc. La evaluación es un aspecto intrínseco del programa; por tanto, hay que dar a
conocer los instrumentos y estrategias para el diagnóstico de las emociones y para
la evaluación de programas de educación emocional.

Rafael Bisquerra Alzina